Pages Menu
TwitterRssFacebook
Categories Menu

Posted by on Abr 25, 2014 in relatos, sexo oral | 0 comments

Chica nueva en la oficina

 

sexo-oficina_Niamanisumisa

Soy la nueva y me siento observada, todo el mundo me mira al pasar, con curiosidad y sorpresa. Soy la nueva y en los tiempos que corren, se asombran de que me hayan contratado. Pero tú no me miras con curiosidad ni sorpresa, me miras con deseo, desde tu mesa, me observas moverme de un lado a otro de la oficina.

Y crees que no me he dado cuenta, pero he visto el brillo de tus ojos, fugazmente, y sé que te estás imaginando de qué color llevo el tanga, si es que llevo, porque no se me marca en esa falda de tubo que suelo llevar.

Hoy te dejé un post-it. Rojo. Sí, hoy lo llevo rojo. Y quitándome un botón de más de mi camisa, justo cuando iba a pasar por tu mesa, te he enseñado un poco ese sujetador rojo que tanto me gusta, a conjunto con mis labios. Y me has mirado a los ojos, con ese brillo que sólo la lujuria da, y te he entendido.

Garaje. Párquing 13. 20h. Un post-it debajo de mi portátil. Faltan 5 minutos para la hora y ya no queda nadie en la oficina. Me dispongo a cerrar el despacho del jefe, cuando de repente, noto unas manos que se me plantan en la cintura, un escalofrío recorre mi espalda, pero no de miedo, es de placer. Las manos se posan en mi trasero, siguen bajando hasta que encuentran el final de la falda, suben por la entrepierna hasta llegar a mi sexo y noto como te has dado cuenta que no llevo nada, tu respiración ha cambiado.

sexo-oficina1_Niamanisumisa

Tus dedos siguen jugando con mi sexo, estoy tan húmeda, que ya no puedo estar más quieta y me giro. ¡Dios mío! Tus ojos azules, parecen tan oscuros, oscuros por el deseo, que me ponen más a mil, si cabe. Sin dudarlo, te bajo la cremallera y introduzco tu sexo en mi boca, cuando estás a punto de correrte, te detienes…¡Eres el diablo! Me dejas ávida de más. Jadeante de ti. Te tapas y te vas.

Me quedo, cabreada, caliente, temblorosa, de rodillas en el despacho del jefe. ¡Serás cabrón! Cierro, me marcho a casa, pensando que mañana te cantaré las cuarenta. Me dirijo a mi coche y me doy cuenta que está aparcado en la plaza 13, maldigo. De repente, como de la nada, sales y me besas, encendiendo las brasas que aún me quemaban los bajos. Me tiras a la parte de atrás de mi coche y devoras mi sexo hasta que me corro. Te enfundas un preservativo y me penetras hasta que llegamos al orgasmo. Te vas.

Me acicalo y me marcho, mi marido me va a preguntar que dónde coño me he metido. ¡Dios! Si yo no hago estas cosas…

 

Sobre 

“¿Y qué necesidad hay de sentirse encadenado a otras sensaciones distintas a las del placer?”
―Marqués de Sade

Post a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *