Pages Menu
TwitterRssFacebook
Categories Menu

Posted by on Ene 30, 2014 in Parejas, relatos, Sexo Anal, sexo oral | 9 comments

Jueves de Sexo: Sexo en el coche

 

JUEVES DE SEXO

Los jueves de sexo nos expresaremos sexualmente en este carnaval al que todas (y todos) seáis o no mamás o papás, estáis invitados. 

Para participar, no tenéis más que enviar el enlace de vuestra propuesta a @mother_killer con la etiqueta #Juevesdesexo o a info@motherkiller.com si no tenéis cuenta de Twitter LOS JUEVES ANTES DE LAS 24:00H.

20140123-101420

 

.Sexo en el coche.

Debían ser las tres o las cuatro de la tarde, la verdad es que no lo recuerdo bien.
Lo que si recuerdo es que tu y yo acabábamos de comer, que hacía un sol del carajo y que la A-7 se me estaba haciendo eterna.

Tampoco recuerdo exactamente de qué íbamos hablando, pero si se que de fondo  Calamaro y su “Flaca” nos acompañaban y que de vez en cuando entonábamos parte de la canción, cosa que te hacía ver particularmente atractivo.

No podía dejar de mirarte, y aunque intentaba hacerlo de reojo sin que te dieras cuenta, mi sonrisa delataba la perversión que se me cruzaba por la cabeza.

Te volviste hacia mi esbozando una sonrisa que aniquiló todos mis pensamientos calenturientos convirtiéndolos en mariposas traicioneras que revoloteaban en mi interior sin piedad, queriéndose escapar por mi boca.

Yo intentaba volver a mi ser mirando cómo las lineas de la carretera se esfumaban a nuestro paso.

Necesitaba que las mariposas que me recordaban que había perdido la cabeza por ti se fueran, o que mis pensamientos calenturientos se transformaran en cosas no eróticas.
Pero no tenía remedio, solo levantar la mirada y verte, encendía todos los botones en mi interior.

Te observaba con ambas manos en el volante, la mirada fija y los labios al son de la canción. Y yo solo quería estar ahí entre tus brazos, con tus ojos clavados en los míos y tus labios ordenándome más.

Tenía tanta necesidad de tocarte, que me deslicé por el asiento, apoyé una mano en tu nuca y comencé a acariciarte.
Sabías que pasear mis dedos por tu cuerpo era una forma de expresarte mis ganas de ti y sonreíste al recibir mis manos que se enrredaban entre tus hombros y tu cuello. Despacio mis manos buscaban tus brazos como apoyo, los recorrían de arriba abajo, y en un gesto casi involuntario, dejaste caer tu mano sobre mi pierna, abriéndome el paso para llegar a ti.

Con la quinta puesta y una autovía por recorrer, mis ganas se dispararon y dejando la timidez a un lado, acaricié tus muslos, tu torso, y abrí paso a la cremallera de tu pantalón.
No me impediste el paso, no me negaste seguir.
Como si me estuviera esperando, bajo la ropa interior encontré un miembro húmedo, erecto y enrojecido por el deseo.
Verlo en tal estado, me hizo eloquecer, y estirando al máximo el cinturón de seguridad, olvidándome de los coches que pasaban o de la multa que nos podía caer, introduje tu pene en mi boca hasta rozar el final de la misma.

El empuje de tu glande en mi campanilla me excitaba. Le dejaba avanzar por mi boca despacio, y al llegar al final de mi garganta recorría tu pene con mi lengua intentando llegar más y más abajo.
Tras sentir tus manos en mi nuca imponiéndome el ritmo, dejé que me usases como objeto de placer y te sirvieses tu mismo.
Ignoraba los coches que pasaban o si alguien nos miraba, solo te escuchaba a ti, tus gemidos y la música de fondo…

Tan concentrada en mi tarea estaba que ni me di cuenta de que habías parado el coche.

Al alzar la vista, el parking de una estación de servicio nos rodeaba.

Desabrochaste el botón de mi cinturón y echando el asiento para atrás me indicaste que me pusiera encima tuya, y yo, obediente, me situé sobre ti.

Mi corto vestido blanco ayudó a que pudiera colocar una pierna a cada lado de las tuyas, dejándote visualizar la mínima ropa interior que llevaba.

Invadido por el deseo, rompiste cada una de las tiras del tanga y apartándolo de mi, dejaste mi vagina al descubierto.

Aquella sensual visión me animó a continuar con mi trabajo de forma manual.

Acerqué con ambas manos tu pene a los labios de mi sexo y me dispuse a masturbarte de éste modo.

Te apretaba contra mi mientras me movía arriba y abajo dejando que la humedad nos invadiera. Te veía enloquecer, sentía tus fluidos resbalando por mis manos, y el roce de tu glande en mi clítoris me resultaba delicioso.

Sin dejar de mirarte, sin dejar de masturbarte de éste modo particular, sentí que  las ganas de correrme llegaban a su punto máximo.
Mis gemidos, mi mirada, los colores en mis mejillas y el tamaño que iba adquiriendo mi clítoris, te advirtieron de ello y sin dudar,  apartaste mis manos de ti y las colocaste en mi espalda. Agarrabas ambas manos con una sola de las tuyas, y sin que me pudiera mover, elevaste mis glúteos y me penetraste hasta  el final de mi ser.

El empuje contra mi vulva fue lo único que necesité para correrme.
Fue un orgasmo brutal, salvaje, único.
Me sentía completamente mojada: los muslos, las ingles y hasta por tus testículos resbalaba aquel rastro de mi que  era una muestra más de hasta donde llevabas mi deseo.

Entonces de tus labios  salió un “Acabaste…” y soltando mis manos me atrajiste hacia ti besándome como si fuera la última vez.

Hipnotizada en ese beso, con tu lengua paseando por cada rincón de mi boca, apenas distinguí que te salías de mi interior.
Pronto tus manos abrieron mis nalgas y tu pene colocándose en mi ano me hizo abrir los ojos…

Apoyaste tus codos en mis muslos y me apretaste contra a ti.

Un grito se escapó de mi boca y tus ansias se elevaron al oírme gritar.

Me separaste y volviste a introducir tu pene hasta el fondo de mi agujero, y de la misma forma en que el dolor aumentaba, me iba volviendo loca por llenarme de ti.

Tus manos firmes en mis hombros, para que no me pudiera salir.

Tus ojos fijos en mi…

Y una mano que en segundos se deslizó a mi vagina para volverme a deleitar con el clímax. 

Sin sacar tu pene de mi ano, con tus dedos paseando por mi clítoris, deseé  tenerte dentro en todos mis orificios  a la vez, y sin tenerte que decir nada, introdujiste tus dedos índice y corazón en mi interior, pulsando así todos  mis puntos claves a la vez.

Perdí la noción del tiempo, la consciencia, creí desmayarme entre tus manos, y solo los espasmos de tu pene y tu leche derramándose en mi interior me devolvieron a la tierra.

Abrí la puerta del coche y descendí de él. Re-coloqué la falda de mi vestido y recogí el tanga roto que yacía entre tus pies.

-Lo complicado va a ser pasear ahora sin que nadie se de cuenta de que no llevo bragas- Dije

Y tu soltaste una carcajada que devolvió las mariposas a mi ser…

En el fondo te ponía la idea de que alguien se asomara por debajo de mi falda.

Y a mi me encantaba  la idea de satisfacer absolutamente todas tus fantasías

 

 

images-2

Sobre 

Mil y una experiencias que contar. Mil y un tabúes por desmontar. Satisfacer tus deseos para lograr los míos, darte todo lo que quieras y recibir lo que anhelo. Ser tuya en cuerpo y alma y tenerte como Dueño por siempre.

    Saber algo más de mí
  • facebook
  • twitter

9 Comments

  1. Que relatos más buenos. Me ha gustado mucho esa forma tan descriptiva de narrar la acción, hace poner en marcha la imaginación de una forma muy eficaz, jajaja.
    Te superas.
    Un saludo.

    • Muchísimas gracias por pasarte como siempre! Voy a leer “to-lo-tuyo!”

  2. Me encantan los relatos subidos de tono! Creo que este finde voy a hacer un viajecito en coche… 😉

  3. ¿A las 4 de la tarde? Todo eso… sin ser molestados… un milagro de placer. Enhorabuena.

  4. Que socorridas son las estaciones de servicio. Un relato magnífico, a las 4 de la tarde… jijiji

Post a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *