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Posted by on Mar 16, 2016 in Parejas | 0 comments

Relato; Los Acompañantes

Cuando su marido le pidió que dejara a los niños con su suegra que tenían una cita pendiente los nervios se pusieron a flor de piel. Conocía a su marido sabía que esa noche tendrían una sesión de sexo, placer y dolor.

Atada de pies y manos con los ojos vendados y apoyada sobre la mesa del comedor estaba a la merced de su marido con la única ropa que él le dejó llevar; sus tacones negros. Se sentía usada y excitada. Le encantaba cuando jugaban al juego de la dominación, ella sabía perfectamente cuál era su papel.

Alonso se acerco al oído y le susurró:

-Hoy zorrita mía vamos a pasar al siguiente nivel. Ha llegado el día. ¿Recuerdas la palabra de seguridad?

-Si, por supuesto.

– Dímela, le exigió

-Rojo

-Bien, no olvides que puedes nombrarla cuando quieras y el juego quedará automáticamente acabado. ¿Lo entiendes?

Olivia trago saliva. No tenía miedo, sabía que ella tenía el poder de parar esa situación en cuanto aquello no le resultara placentero o cuando no se sintiera insegura. Pero confiaba en Alonso y sabía que el sexo con él la llevaba a otro nivel.

Sintió un líquido frío resbalando por el final de su espalda y cayendo por su ano. Iba a ponerle el plug. Noto el frío metal y gritó cuando lo introdujo de un solo golpe.

Sus manos empezaron a recorrerle todo el cuerpo, a veces arañando con las uñas y otras veces acariciando suavemente. Olivia solo gemía pero estaba alerta porque sabía que con su marido nada era lo que parecía.

Una sonora cachetada que hizo más ruido que daño resonó en su nalga. Unos dedos traviesos empezaron a subir por su entrepierna hasta llegar a su sexo.

-Estas muy húmeda putita, veo que esto te gusta verdad?

Alonso empezó a acariciar su clítoris recogiendo toda la humedad que ya resbalaba por la pierna de ella para masturbarla. Despacio, sin prisa, dando vueltas con los dedos por todo su  sexo. Ella disfrutaba de ese momento.

-Me encanta que lleves tu coño arregladito como a mi me gusta porque hoy tendremos visita.

Olivia se puso en tensión, no podía ser verdad. No podía ser que hoy hubiera llegado el día.

Sin que tuviera tiempo a pensar demasiado se oyó el timbre y las piernas de Olivia empezaron a temblar.

-No te muevas pequeña no tardaremos nada.

No sabía como iba a moverse si estaba completamente atada a la mesa.

Alonso salió del comedor para ir a  abrir la puerta. Ella no podía oír quien era esa persona que se iba a unir a su fiesta. Sentía una mezcla de emociones, sentimientos, excitación y miedo, un cóctel que la humedecía por completo.

Pasaron cinco minutos, tal vez diez pero a Olivia el tiempo se le hizo eterno.

– Sería una mujer? Sería un hombre? Sería un desconocido?

Miles de preguntas se agolparon en su cabeza, pensamientos que iban y venían a miles de kilómetros por hora por su mente.

Oyó como se abría la puerta y notó como la observaban. Unas manos empezaron a acariciarle el cuerpo, por el tamaño y la rudeza enseguida se dio cuenta de que no eran las de su marido y que afortunadamente tampoco eran las de una mujer.

-mmmm… gruñó el desconocido.

En ese momento otras manos esta vez si mas pequeñas le empezaron a acariciar la espalda. Sin duda eran unas manos femeninas.

-Cuantas personas había allí? todos se encontraban mirándola y toqueteando su cuerpo. Podía sentir los ojos azules de su marido, sentir como su mirada estaba llena de deseo y lujuria.

No quería pensar sino dejarse llevar por ese momento mágico.

Le pusieron un vibrador encima de  su clítoris a la vez que una lengua recorría todo su sexo. Otra boca le mordisqueaba el cuello y deslizaba las manos hacía sus pechos para estirar sus pezones.

No se oía nada mas que los gemidos de Olivia, hacía mucho rato que había abandonado su mente y solo se dedicaba a gozar.

La lengua alojada en su sexo era una autentica experta, alternando movimientos circulares suaves con otros mucho mas rudos la transportaban una y otra vez al borde del orgasmo. Unos dedos habilidosos se introdujeron en su interior. Reconocía ese movimiento, ese era sin duda su marido.

Ya no sentía ni piernas ni brazos, no sentía casi ni que formara parte de ese cuerpo cuando un orgasmo la invadió por completo gritando hasta la extenuación y eyaculando como nunca en su vida dejó paso a una total y absoluta relajación.

No escuchó la puerta, ni se enteró cuando su marido la desataba y cogiéndola en brazos la transportaba directamente a la cama. Solo se giró y se quedó profundamente dormida. Había sido la primera vez que eran mas de dos en el sexo y le había encantado. Una experiencia liberadora.

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Es sucio el sexo? Solo cuando se hace bien. Bienvenidos al placer.

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